BUBA RELATOS

APESTA, por Cristina Krizijistyn

apesta foto

1: Todos tus recuerdos han sido falseados

2: Nunca exististe

3: No eres ella ni él – Eres tú, ahora

No existe una realidad pasada, todos tus referentes los has creado tú mismo para otorgarte, de forma estúpida, un criterio de autoridad. No obstante y para tu tranquilidad, siempre podrás acudir a la ilusión de pasado en la que cada recuerdo es cada vez más perfecto y un perfecto sustituto para todo este presente alienado.

4: Se acabó

5: Cada quien escoge sus batallas

6: Apesta

Apestas a humanidad y te das cuenta de ello al ducharte con el mismo odio cada mañana. Te das cuenta cuando en ese traje sales a trabajar con miedo a que te descubran y tener que escupirles en la cara o coserte un nuevo disfraz.

Apesto

Apestas por todas las batallas que te dicen son perdidas y por las que sigues librando para liberar esa desgraciada alma tuya cuya custodia compartes con el estado: Sólo fines de semana y festivos a cambio de unos pocos privilegios que se tornan cada vez más insignificantes.

Esa hija de puta que algún tiempo pareció valiente y luchadora, ni se resistió al embargo, ni crees que recuerde lo que alguna vez fuisteis juntas. Los reencuentros son fríos, distantes, como entre viejos amigos a los que los recuerdos han devorado.

Apesto

Apestas y esa etérea desertora resbala desde tu cabeza hasta la fría suela de tus botas, siguiendo tus pasos junto a un cuerpo ajeno que no responde. Un cuerpo de bostezo eterno y estatismo inherente que ya no merece, te han dicho.

Apesto

Apestas y a veces supones que por eso creces, porque se te acumulan ideas apestosas y batallas perdidas bajo las suelas; otras sin embargo, piensas que el absurdo de estos pasos sólo puede augurar un despegar inminente, otra respuesta u otra pregunta por la que echar a volar definitivamente; otras veces hay que quemar hierba porque aquí – apesta.

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ODA AL CONSUMO, por Tomás González

black-mask

Día a día.
Es la contraprestación a seguir vivo día a día.
Acaso usted, ¿solamente del aire vivir podría?
Aire, contaminado.
Es la combustión de todas las vidas al son de la caja, sch-riin,
cuando la ira de los necios monopoliza el sagrado tiempo de
todos y cada uno de los humanos que soportamos la gravedad
de este asunto, errante rotación. Ahora.
Me aferro pues, al último vuelo de la ensoñación. Más allá del
yugo compuesto por razones de terceros, trileros y demás
familia que ruegan en esa oración por el eterno descanso de
las almas que nunca acabarán de despertar. Viviendo en
cuerpos callados, con su pensamiento mutilado de las manos,
recorriendo largas filas de desempleados, reducidos a números
y estadísticas. Números rojos de sangre asfixiada por el ácido
humor político, un diagnóstico de cáncer, normalizado por el
sistema y su doctor.
Intenté ir en línea recta, a fuerza de razón, constancia y tesón,
mas no es natural. No es natural. La línea recta no es natural,
el brillo del asfalto no es natural, es un reflejo de luz sobre
aceite industrial. No es natural la ansiedad condensada en
centros comerciales, la tarde antes de navidad, no es natural el
pensamiento humano, las pataletas de niños afganos sin
regalos, no es verdad, la arcada de la teletienda que por
informativos indica “La Realidad”.
Hace tiempo aprendí que las palabras ya solamente son
bocanadas de aire, amordazadas por la función del
sistema,consuma, trabaje y muera… Mas en vida, solo pida, lo
que diga desde cerca/lejos, la letanía, la bendita agonía eco del
poder.
-Buenas tardes, definitivamente, su teléfono está roto.
-Pues habrá de dame otro.
-Son 186€ pero con los puntos de cliente se le queda en 100.
-Me lo llevo.

Mientras el hilo musical de la tienda marca el ritmo, la puerta se
abre y pasa una ambulancia con una estridente sirena que
rompe la armonía del local. Nadie se inmuta, excepto un
dependiente que se acerca a atender dos potenciales clientes.
Al otro lado del escaparate estaba el frío invierno, recibiendo a
los ciudadanos con nieve ligera. Idílico y cálido a la vista,
mientras los carteles luminosos amenicen el paseo de las
polillas.
El aliento, la inspiración, lo que no se ve hasta que falta y
abandona la vida, desaparecía al prostituir las palabras para
enmascarar la mala voluntad.Perdía su humanidad. Por eso
mismo crecía la neurosis cuando cada noche la desesperación
por su impotencia, lavaba su conciencia con alcohol, televisión,
pastillas, sexo y oraciones sin corazón.
Sentido y espiritualidad,¡ya a la venta!
¿Hay sentido en las leves varices cuarentonas, comprando
cremas con las que masajear, su percepción de ellas mismas,
cada día al despertar?
El pelotazo como salida, tras un lunes convaleciente de resaca,
es el estilo de vida patrocinado por televisión.
Por esto decidí regular y comprender mi consumo. Intentar ser
coherente, posicionarme por encima de lo que creí, el resto de
la gente.
Y en verdad, consumo porque muero, por dar vida a mi ego, en
un mundo competitivo que lo reclama con apego.
Desearía ser un pájaro, más ligero, sobrevolar el mundo
entero, sin creer, sin crear una sólida identidad.
Sigo sujeto y día a día, inevitablemente consumo.
Me consumo

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MADRID POSITIVO, Rodrigo Ratero

Apuré el último trago de cerveza de mi lata, estaba sentado junto a la salida del metro de Lavapiés, daba el sol, pero ya hacía frío de cojones. Entonces vi como en la plaza colocaban una especie de remolque y encima un enorme globo hinchable como los de las ferias de los pueblos en forma de lazo rojo con un eslogan que rezaba “Madrid Positivo”.

Me acerque a curiosear… en los carteles ponía “Hazte la prueba rápida del V.I.H”, el nombre me pareció poco acertado.. ¿No es positivo cuando estás infectado? En fin… Me quede observando un rato rebusque en mi bolsillo y no me quedaba ni un euro para más cerveza, mi pasado oscuro de sexo y jeringuillas y la falta de dinero me ánimo. Voy hacérmela y me puse a la cola…

Unos días después volví a la plaza a beberme mi cerveza mañanera, cuando de nuevo me quedé sin dinero me acerque a curiosear de nuevo, mi vida es bastante inocua. Me fije en la gente que preparaba la campaña, no se quien eran pero parecían ex- yonquis, probablemente infectados y niñas hippies de buen corazón, probablemente sociólogas o trabajadoras sociales. Una de ellas se me acercó

-Tú cara me suena… -me dijo

-A mi la tuya no…

-¿Quieres hacerte la prueba? -me pregunto

-Me la hice hace unos días

-Y ¿Que tal?

-Limpio por suerte…

-Me alegro…

-Soy Jose

-Yo Marta…

Después de un rato hablando y al acabar la campaña me invitó a unas cervezas en la calle Argumosa. Era una tía de puta madre, de esa gente que es tan buena que te hace sentir horriblemente malo. Acabé en su casa desperté por la mañana con una enorme sonrisa. Hacía siglos que no estaba con una mujer. Pasé una de las mejores noches de mí vida. Estuve unos días sin acercarme a la plaza de Lavapiés me había gustado tanto que no quería agobiarla. Me había dado su móvil pero yo nunca tenía saldo. Al cabo de unos días ansioso volví a la plaza, después de todo no es tan raro, soy del barrio. Llegué buscándola y no la vi. Pregunté a otra de las chicas.

-Oye… ¿No está por aquí Marta

-A Marta le ha salido un curro y no ha podido venir

-Ah…

-¿Quieres hacerte la prueba?

-Pues sí…

Esta vez había menos cola que el primer día en el que me marche por aburrimiento y me la hice… Al cabo de unos días me confirmaron que tenía el sida…

Colaboración de www.kazikes.es donde encontrarás más relatos de las miserias de la vida cotidiana

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LAS DEUDAS DSE PAGAN, por Manuel Sirvent

Pobre infeliz, gilipollas. Le debía pasta pero no se la pagaba. Estaba ahi sentado con su peculiar forma ridícula de ir por la vida, pensando en como pedirmela, pero no se atrevía. Crucé la vista con él. Le sonreí jactándome de mi superioridad. Puto mierda. Su mirada cambio. Vi la rabia en sus ojos  mientras se abalanzaba sobre mi. Me que inmovil. Cuanto intenté reaccionar ya era tarde. Sentí dos pinchazos en el pecho y un brutal golpe contra el suelo. Luego otro par de golpes cerca mia. No veía lo que estaba ocurriendo. Me arrastraba por el suelo intentando escapar. Noté que alguien me cogió, y perdí el conocimiento.

Estaba harto de él. No iba a seguir consintiendo que se aprovechara de mi. Había cedido ya muchas veces. Demasiadas. Y a partir de ahora no iba a consentir que se riera ni una sola vez mas. Le voy a pedir la pasta y espero que me la dé. Lo miré. Vi como el muy cabrón se reia otra vez en mi cara. Este hijo de puta se va a enterar. Abri la navaja que llevaba, dentro del bolsillo, sin sacarme la mano, mirandolo fijamente. Me levante corriendo. Avancé hacia él y le pegue dos puñaladas en el pecho. El chaval que estaba al lado me pegó una patada en el estomago. Cai. Me volvi a levantar.

  • ¡ Apártate! , le dije. ¡ Esto no va contigo!.
  • ¿ Pero tu estas loco o qué te pasa?. Me respondió.

Me volvió a dar una patada que dejó tirado en el suelo. Cuando me incoorpore ya estaban demasido lejos. Apreté la navaja y me rajé la mano.

Joder, otra vez había vuelto a quedarme con estos dos. Era una situación incomoda. Sabía que tenían sus problemas, y no me gustaba estar en medio de nada. De repente, uno de ellos sacó una navaja y se la clavo en el pecho al otro. ¡ Que movida!. Le pegué una patada al de la navaja. Fui a recoger al herido, pero el otro se levanto del suelo y me dijo que me quitara del medio. Le respondí que si estaba loco, y lo volví a tirar al suelo, para ganar un poco de tiempo. Me lo llevé corriendo. Iba llamando por las puertas de las casas para que alguien me ayudara. Estaba chorreando sangre. Nadie abria. Un muchacho de una tienda salió. Llamó a la ambulancia y yo me quede intentando taponarle la herida. Cuando los de urgencias llegaron, estaba manchado de sangre por todas partes y había un gran charco en el suelo. Lo subieron a la ambulancia. Me sente al lado suyo y le dije por si podía oirme. Desde que el mundo es mundo, las deudas se pagan.

Colaboración de www.kazikes.es

 

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HIENAS, por Rodrigo Ratero

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Ya ni el alcohol podía calmar mi dolor, sólo en cierto modo hacía que me olvidase de todo, después cuando se acababa me dormía, siempre brevemente y volvía el dolor, acrecentado sobre todo si sabía que no iba a tener acceso a más alcohol, drogas, heroína, cocaína, cristal…. o medicamentos, rophinol, dialudid, trankimazine, transylium 50.

El estado depresivo tiene diferentes causas, ¿Por que gente con vidas de mierda es feliz y gente con una vida sin ningún tipo de problemas no pueden llegar a ser felices? Simplemente son reacciones químicas en tú puto cerebro, ni más ni menos, putas reacciones químicas… Es ridículo. Era una de esas mañanas heladoras de invierno, me senté en la taza y sentí ese incómodo y puto escalofrío que todos sentimos al poner nuestras piernas desnudas en la fría taza, antes de que mi culo vertiese si quiera un trozo de mierda me dio una arcada me levante rápidamente de la taza y vomite algo amarillento que supongo sería bilis, llevaba días sin comer. Después por fin cague una especie masa negruzca, el baño quedó embriagado de un extraño, ácido y como quemado olor que me acompaño en el baño durante el tiempo en que me lavé los dientes y escupí toda esa asquerosa sangre que salía de mis resentidas encías. Estaba asqueadado y decidí no ducharme, “mañana” Me dije a mi mismo, llevaba ya diciéndomelo varios días… Bajé a la a calle era muy pronto, pero Lavapiés llevaba horas despierto. Había una vieja borracha que dormía junto a mi portal, era una puta, yo nunca entendía como alguien podía pagar por follar con semejante mujer o lo que quedaba de ella, pero para gustos…  A mi siempre me había dado mucha pena,estaba dormida tapada con su viejo y sucio edredón cubierto de mierda, me agache como a echarle algo en su vaso de litro y le cogí todo lo que había dentro, poco, me día tan sólo para tres cartones de vino. Me fui a la salida del metro era una costumbre, antiguamente iba allí a coger las colillas que dejan la gente antes de entrar en el metro ya que dentro no se puede fumar, ahora ya era imposible, cada uno de esos ceniceros estaba escoltado por un rumano, los cuales no te dejaban si quiera acercarte, esas colillas eran suyas… Si te enfrentabas a ellos todos los demás saldrían en su defensa. Es tan decadente todo, un tío allí todo el día puesto por unas cuantas colillas, dispuesto a romperte las piernas si intentabas quitarle alguna…

Esa mañana estaba tan deprimido, supongo por alguna de esas jodidas reacciones químicas que tras beberme los dos primeros cartones me arme de valor y fui a por mi puta colilla,que cojones me apetecía fumar. El rumano se puso a la defensiva nada más verme llegar

-¿Otra vez tú enano? -me dijo dejando al descubierto un par de dientes de oro

¿Tenía dientes de oro y se dedicaba a custodiar las ceniceros de una entrada del metro?

Me empezaban a dar ganas de reventarle la cabeza y hacerle tragar todas esa putas colillas y mearme en sus dientes de oro. Traté en un principio  de hacer un trueque algo de vino a cambio de una colilla, el levantó su puño amenazándome dejando a la vista el charco de sudor que se formaba en los sobacos de su chándal de saldo, cogí el cartón de vino y se lo reventé en la cara cogí un puñado de colillas y las guarde en mi bolsillo. Después me cogió contra la puerta de cristal del metro y me golpeó hasta que los guardias de seguridad y algunos viandantes lograron quitármelo de encima. Lo último que recuerdo es llegó el samur, mis encías mis encías sangraban bastante más de lo habitual…  Una vez en la habitación del hospital descubrí decepcionado que no se podía fumar….

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LA CORRECTORA DEL B.O.E, por Rodrigo Ratero

Las luces de discoteca, el sofocante calor, su quinta copa de vodka con limón y la

inminente bajada de la pastilla de éxtasis empezaba hacer mella en el flaco y pálido cuerpo de Elsa. En realidad ella no debería estar allí, una insistente voz en su cabeza, quizá la conciencia, le repetía una y otra vez “Elsa tienes que estudiar”. Había llegado hace algunos meses a Madrid para prepararse en una academia unas inocuas oposiciones para correctora del B.O.E. El dinero de papá y algunos ahorros que consiguió trabajando en la peluquería de su tía estaban financiando su estancia en la capital. La presión del alcohol, el calor, la luces parpadeantes y las miradas lascivas de los borrachos que llenaban la sala vestían el flaco cuerpo de Elsa mientras se tambaleaba hasta el baño.

-¿Dónde vas? -le pregunto Cristina.
-Al baño a lavarme la cara -contesto Elsa exhausta.

Cristina era la culpable de que Elsa estuviese allí. Elsa en un gesto de amabilidad había hecho un hueco en su apretada agenda para ir esa tarde a cortarle el flequillo y las puntas a su casa. Cristina le dio el suficiente cannabis y las suficiente cerveza para que está accediera a acompañarla esa noche de parranda. Siempre hacía lo mismo, se las arreglaba para liarla al menos una vez por semana haciéndola descuidar sus obligaciones y crispandole cada vez más los nervios ante el inminente examen. Elsa se miro en el espejo del baño, su cara estaba desencajada, rara, como un cuadro cubista. Abrió el grifo y apenas cayeron unas gotas. Era típico de las discotecas, cortaban el agua aprovechando el calor y la sequedad de la boca causada por el consumo de drogas de diseño para vender más agua y más copas a precios desorbitados. Salió del baño, fue hasta la barra y pidió una botella de agua. Después se despidió de Cristina con un gesto, a esta no pareció importarle, su lengua ya estaba intercambiando otra pastilla y algunos gérmenes con otro joven de mirada perdida. Elsa se dirigió sudorosa y confusa hasta la puerta de salida intentando evitar las sucias y furtivas miradas, cuando por fin piso la calle respiró profundamente. Miro su reloj, estaba apunto de ser las cuatro de la mañana. El metro había cerrado así que decidió ir a casa andando, hacia demasiado calor para apretarse en un bus con más gente . Empezó a caminar y a sentir la incomoda sensación de ser observada, de repente le vino a la cabeza los titulares, que desde hacía algunos meses, llenaban los periódicos: “El asaltante nocturno ha vuelto a matar” Algún enfermo se había despertado odiando el mundo y se dedicaba a matar a jóvenes alcoholizados en la madrugada cuando volvían de fiesta . El perfil del psicopata no estaba claro, pero si el de sus victimas jóvenes borrachos, drogados o ambas cosas cuando iban solos en el intervalo distancial entre el último lugar de alterne y su casa. Elsa dio otro trago a su botella de agua finiquitando así su contenido y apretó el paso. Empezó a ponerse nerviosa, cada vez que se cruzaba con alguien o sentía alguna persona caminando a su espalda su corazón latía más y más rápido. Un pensamiento en forma de memoria fotográfica con el titular “El asaltante nocturno” taladraba su cabezaSiguió caminando apresurada y distinguió a lo lejos una oscura figura sentada en un banco que debido a su apresurado andar estaba cada vez más cerca. Trago saliva y se alejo lo más que pudo del banco, hasta donde la fachada del edificio se lo permitió. Adelanto la oscura figura con la cabeza gacha y caminado rápidamente.

El sudor ya bañaba prácticamente todo su cuerpo, doblo la esquina y siguió andando sin embargo empezó a notar que alguien seguía sus pasos, quizá fuese esa extraña figura, quizá la paranoia causada por el el letal binomio alcohol drogas de diseño, de todas formas no se iba a girar para comprobarlo. Cada vez lo notaba más cerca, su ceñido top albergaba dos enormes charcos por debajo de sus axilas, sus largas piernas se sentían doloridas, los zapatos de tacón alto no eran el calzado más adecuado para huir de asesinos y maníacos. “No es nadie” “Es unaparanoia” Se repetía así misma continuamente… pero eso seguía ahí detrás, de hecho cada vez lo notaba más cerca. Quería ir más deprisa sin echar a correr, los pies la estaban matando, sudaba y sudaba, la respiración ya estaba prácticamente en su nuca. Apretó hasta aplastar la botella vacía de agua que aún estaba en su mano y la dejo caer al suelo, sintió como ese enfermo la pisaba, estaba a menos de un metros de ella. Rebuscó en el bolso nerviosa y a ciegas y palpo las tijeras con las que había cortado solo hace unas horas el pelo de Cristina, las apretó en sus manos y cuando sintió al asesino más cerca se giró y clavó las tijeras en su cuello de un golpe seco. El asesino la agarro de los hombros y la miro con la boca abierta y la mirada fija en ella, Elsa sacó las tijeras de su cuello haciendo salir una lluvia de rojo sangre que baño a los dos. Sin tiempo para pensar cerró los ojos y apuñalo hasta trece veces la cara de ese enfermo. Cuando comprobó que ya no se movía guardo las tijeras y corrió hasta su casa. Lo había vuelto a conseguir, una semana más se había librado del asesino.

Al día siguiente un titular llenaba los periodicos :
El asaltante nocturno ha vuelto a matar”.
Colaboración de http://www.kazikes.es
Allí encontrarás cientos de RELATOS DE LAS MISERIAS DE LA VIDA COTIDIANA.
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CRISTOBAL,  por Andrade Jabuba

Yo soy Cristóbal y vivo en la ciudad. Vivo en casa de mis padres y no hago nada en todo el día. No tengo dinero pero tengo mucho tiempo para pensar.

Años atrás, cuando era niño, solíamos ir al pueblo a visitar a la familia. Eran todos viejos y pronto morirían. Creo que mis padres sentía por ellos lástima, como si con su muerte viniera el fin de una etapa, y tras ella el declive y el caos.

En una de esas visitas Laica, la perra de mi abuela materna, parió siete cachorros. No podía mantenerlos a todos y mi abuela los iba a ahogar vivos. Me dio pena y me quedé con una hembra. Mi abuela se rió de mí. A mis padres no les gusto nada la idea pero me la traje a la ciudad, así me haría compañía.

Era una perra pequeña y peluda. De nombre le puse Lía. Ya mi abuelo solía usar ese nombre para los animales. Lía de Rosalía, como la poetisa. Cuando mi abuelo vivía era lo único que leía. Solía leerme los poemas de Rosaĺía bajo un árbol cuando íbamos con las vacas al monte. Tengo muchos recuerdos de mi niñez.

Pasear con Lía me gusta. Camina pavoneándose por las aceras con el rabo levantado. Es muy amigable con las personas pero al resto de perros no los puede ni ver. En eso se parece mucho a mí. Cuando me mira es como si me hablara y yo le entiendo todo perfectamente. A veces se escapa y recorro toda la ciudad buscándola. Nunca la encuentro pero cuando llego a casa ella siempre está allí. Me gustaría saber que hace cuando pasea sola.

Una vez en un parque alguien se acercó a mi creo que con malas intenciones. Ese tipo se puso junto mía y se metió la mano en el bolsillo, creo que iba a sacar una navaja. Antes de que dijera una palabra Lía se abalanzó y le mordió en el brazo. El tipo marcho corriendo. Lía se quedo mirándome como queriendo decir “ menos mal que yo estoy aquí para cuidarte”.

Pasó el tiempo yo y Lía siempre estábamos juntos.

Un mal día el hermano de mi padre vino a casa. Había alquilado un pequeño almacén en las afueras de la cuidad. Él era fontanero y necesitaba un lugar donde guardar su material. Aunque mi padre y su hermano no se llevaban muy bien pero mi tío le pidió llevarse a Lía unos días para cuidar el almacén hasta que consiguiera otro perro. Solía haber muchos robos en esos almacenes. Mi padre de dijo que sí. A mi ni siquiera me preguntaron.

La primera noche si Lía fue muy dura, me sentía triste como si faltara una parte de mi. Cuando por fin conseguí dormirme desperté al rato sobresaltado en mitad de la noche. Ya no pude dormir más.

Por la mañana temprano fui a verla. Cuando llegué la puerta del almacén estaba reventada. En la puerta ataron un tridente hacia arriba y en su punta estaba clavada Lía. La mataron con una horca desde el otro lado de la puerta, ni siquiera se acercaron.

Cuando llegó mi tío gritó y juró por los retretes que le habían robado. No le dije nada ni el a mí. Descolgué a Lía, la llevé al monte y la enterré. Cuando llegué a casa mi madre solo se preocupó por como limpiaría la sangre de mi ropa. Me tumbé sobre mi cama y lloré.

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VOMITA SANGRE, por Iosu Jabuba.

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