Oda al consumo, Tomás González

black maskDía a día.
Es la contraprestación a seguir vivo día a día.
Acaso usted, ¿solamente del aire vivir podría?
Aire, contaminado.
Es la combustión de todas las vidas al son de la caja, sch-riin,
cuando la ira de los necios monopoliza el sagrado tiempo de
todos y cada uno de los humanos que soportamos la gravedad
de este asunto, errante rotación. Ahora.
Me aferro pues, al último vuelo de la ensoñación. Más allá del
yugo compuesto por razones de terceros, trileros y demás
familia que ruegan en esa oración por el eterno descanso de
las almas que nunca acabarán de despertar. Viviendo en
cuerpos callados, con su pensamiento mutilado de las manos,
recorriendo largas filas de desempleados, reducidos a números
y estadísticas. Números rojos de sangre asfixiada por el ácido
humor político, un diagnóstico de cáncer, normalizado por el
sistema y su doctor.
Intenté ir en línea recta, a fuerza de razón, constancia y tesón,
mas no es natural. No es natural. La línea recta no es natural,
el brillo del asfalto no es natural, es un reflejo de luz sobre
aceite industrial. No es natural la ansiedad condensada en
centros comerciales, la tarde antes de navidad, no es natural el
pensamiento humano, las pataletas de niños afganos sin
regalos, no es verdad, la arcada de la teletienda que por
informativos indica “La Realidad”.
Hace tiempo aprendí que las palabras ya solamente son
bocanadas de aire, amordazadas por la función del
sistema,consuma, trabaje y muera… Mas en vida, solo pida, lo
que diga desde cerca/lejos, la letanía, la bendita agonía eco del
poder.
-Buenas tardes, definitivamente, su teléfono está roto.
-Pues habrá de dame otro.
-Son 186€ pero con los puntos de cliente se le queda en 100.
-Me lo llevo.

Mientras el hilo musical de la tienda marca el ritmo, la puerta se
abre y pasa una ambulancia con una estridente sirena que
rompe la armonía del local. Nadie se inmuta, excepto un
dependiente que se acerca a atender dos potenciales clientes.
Al otro lado del escaparate estaba el frío invierno, recibiendo a
los ciudadanos con nieve ligera. Idílico y cálido a la vista,
mientras los carteles luminosos amenicen el paseo de las
polillas.
El aliento, la inspiración, lo que no se ve hasta que falta y
abandona la vida, desaparecía al prostituir las palabras para
enmascarar la mala voluntad.Perdía su humanidad. Por eso
mismo crecía la neurosis cuando cada noche la desesperación
por su impotencia, lavaba su conciencia con alcohol, televisión,
pastillas, sexo y oraciones sin corazón.
Sentido y espiritualidad,¡ya a la venta!
¿Hay sentido en las leves varices cuarentonas, comprando
cremas con las que masajear, su percepción de ellas mismas,
cada día al despertar?
El pelotazo como salida, tras un lunes convaleciente de resaca,
es el estilo de vida patrocinado por televisión.
Por esto decidí regular y comprender mi consumo. Intentar ser
coherente, posicionarme por encima de lo que creí, el resto de
la gente.
Y en verdad, consumo porque muero, por dar vida a mi ego, en
un mundo competitivo que lo reclama con apego.
Desearía ser un pájaro, más ligero, sobrevolar el mundo
entero, sin creer, sin crear una sólida identidad.
Sigo sujeto y día a día, inevitablemente consumo.
Me consumo

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