LAS DEUDAS SE PAGAN, por Manuel Sirvent

Pobre infeliz, gilipollas. Le debía pasta pero no se la pagaba. Estaba ahi sentado con su peculiar forma ridícula de ir por la vida, pensando en como pedirmela, pero no se atrevía. Crucé la vista con él. Le sonreí jactándome de mi superioridad. Puto mierda. Su mirada cambio. Vi la rabia en sus ojos  mientras se abalanzaba sobre mi. Me que inmovil. Cuanto intenté reaccionar ya era tarde. Sentí dos pinchazos en el pecho y un brutal golpe contra el suelo. Luego otro par de golpes cerca mia. No veía lo que estaba ocurriendo. Me arrastraba por el suelo intentando escapar. Noté que alguien me cogió, y perdí el conocimiento.

Estaba harto de él. No iba a seguir consintiendo que se aprovechara de mi. Había cedido ya muchas veces. Demasiadas. Y a partir de ahora no iba a consentir que se riera ni una sola vez mas. Le voy a pedir la pasta y espero que me la dé. Lo miré. Vi como el muy cabrón se reia otra vez en mi cara. Este hijo de puta se va a enterar. Abri la navaja que llevaba, dentro del bolsillo, sin sacarme la mano, mirandolo fijamente. Me levante corriendo. Avancé hacia él y le pegue dos puñaladas en el pecho. El chaval que estaba al lado me pegó una patada en el estomago. Cai. Me volvi a levantar.

  • ¡ Apártate! , le dije. ¡ Esto no va contigo!.
  • ¿ Pero tu estas loco o qué te pasa?. Me respondió.

Me volvió a dar una patada que dejó tirado en el suelo. Cuando me incoorpore ya estaban demasido lejos. Apreté la navaja y me rajé la mano.

Joder, otra vez había vuelto a quedarme con estos dos. Era una situación incomoda. Sabía que tenían sus problemas, y no me gustaba estar en medio de nada. De repente, uno de ellos sacó una navaja y se la clavo en el pecho al otro. ¡ Que movida!. Le pegué una patada al de la navaja. Fui a recoger al herido, pero el otro se levanto del suelo y me dijo que me quitara del medio. Le respondí que si estaba loco, y lo volví a tirar al suelo, para ganar un poco de tiempo. Me lo llevé corriendo. Iba llamando por las puertas de las casas para que alguien me ayudara. Estaba chorreando sangre. Nadie abria. Un muchacho de una tienda salió. Llamó a la ambulancia y yo me quede intentando taponarle la herida. Cuando los de urgencias llegaron, estaba manchado de sangre por todas partes y había un gran charco en el suelo. Lo subieron a la ambulancia. Me sente al lado suyo y le dije por si podía oirme. Desde que el mundo es mundo, las deudas se pagan.

Colaboración de www.kazikes.es

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