LA CORRECTORA DEL B.O.E, por Rodrigo Ratero

Las luces de discoteca, el sofocante calor, su quinta copa de vodka con limón y la inminente bajada de la pastilla de éxtasis empezaba hacer mella en el flaco y pálido cuerpo de Elsa. En realidad ella no debería estar allí, una insistente voz en su cabeza, quizá la conciencia, le repetía una y otra vez “Elsa tienes que estudiar”. Había llegado hace algunos meses a Madrid para prepararse en una academia unas inocuas oposiciones para correctora del B.O.E. El dinero de papá y algunos ahorros que consiguió trabajando en la peluquería de su tía estaban financiando su estancia en la capital. La presión del alcohol, el calor, la luces parpadeantes y las miradas lascivas de los borrachos que llenaban la sala vestían el flaco cuerpo de Elsa mientras se tambaleaba hasta el baño.

-¿Dónde vas? -le pregunto Cristina.
-Al baño a lavarme la cara -contesto Elsa exhausta.

Cristina era la culpable de que Elsa estuviese allí. Elsa en un gesto de amabilidad había hecho un hueco en su apretada agenda para ir esa tarde a cortarle el flequillo y las puntas a su casa. Cristina le dio el suficiente cannabis y las suficiente cerveza para que está accediera a acompañarla esa noche de parranda. Siempre hacía lo mismo, se las arreglaba para liarla al menos una vez por semana haciéndola descuidar sus obligaciones y crispandole cada vez más los nervios ante el inminente examen. Elsa se miro en el espejo del baño, su cara estaba desencajada, rara, como un cuadro cubista. Abrió el grifo y apenas cayeron unas gotas. Era típico de las discotecas, cortaban el agua aprovechando el calor y la sequedad de la boca causada por el consumo de drogas de diseño para vender más agua y más copas a precios desorbitados. Salió del baño, fue hasta la barra y pidió una botella de agua. Después se despidió de Cristina con un gesto, a esta no pareció importarle, su lengua ya estaba intercambiando otra pastilla y algunos gérmenes con otro joven de mirada perdida. Elsa se dirigió sudorosa y confusa hasta la puerta de salida intentando evitar las sucias y furtivas miradas, cuando por fin piso la calle respiró profundamente. Miro su reloj, estaba apunto de ser las cuatro de la mañana. El metro había cerrado así que decidió ir a casa andando, hacia demasiado calor para apretarse en un bus con más gente . Empezó a caminar y a sentir la incomoda sensación de ser observada, de repente le vino a la cabeza los titulares, que desde hacía algunos meses, llenaban los periódicos: “El asaltante nocturno ha vuelto a matar” Algún enfermo se había despertado odiando el mundo y se dedicaba a matar a jóvenes alcoholizados en la madrugada cuando volvían de fiesta . El perfil del psicopata no estaba claro, pero si el de sus victimas jóvenes borrachos, drogados o ambas cosas cuando iban solos en el intervalo distancial entre el último lugar de alterne y su casa. Elsa dio otro trago a su botella de agua finiquitando así su contenido y apretó el paso. Empezó a ponerse nerviosa, cada vez que se cruzaba con alguien o sentía alguna persona caminando a su espalda su corazón latía más y más rápido. Un pensamiento en forma de memoria fotográfica con el titular “El asaltante nocturno” taladraba su cabezaSiguió caminando apresurada y distinguió a lo lejos una oscura figura sentada en un banco que debido a su apresurado andar estaba cada vez más cerca. Trago saliva y se alejo lo más que pudo del banco, hasta donde la fachada del edificio se lo permitió. Adelanto la oscura figura con la cabeza gacha y caminado rápidamente.

El sudor ya bañaba prácticamente todo su cuerpo, doblo la esquina y siguió andando sin embargo empezó a notar que alguien seguía sus pasos, quizá fuese esa extraña figura, quizá la paranoia causada por el el letal binomio alcohol drogas de diseño, de todas formas no se iba a girar para comprobarlo. Cada vez lo notaba más cerca, su ceñido top albergaba dos enormes charcos por debajo de sus axilas, sus largas piernas se sentían doloridas, los zapatos de tacón alto no eran el calzado más adecuado para huir de asesinos y maníacos. “No es nadie” “Es unaparanoia” Se repetía así misma continuamente… pero eso seguía ahí detrás, de hecho cada vez lo notaba más cerca. Quería ir más deprisa sin echar a correr, los pies la estaban matando, sudaba y sudaba, la respiración ya estaba prácticamente en su nuca. Apretó hasta aplastar la botella vacía de agua que aún estaba en su mano y la dejo caer al suelo, sintió como ese enfermo la pisaba, estaba a menos de un metros de ella. Rebuscó en el bolso nerviosa y a ciegas y palpo las tijeras con las que había cortado solo hace unas horas el pelo de Cristina, las apretó en sus manos y cuando sintió al asesino más cerca se giró y clavó las tijeras en su cuello de un golpe seco. El asesino la agarro de los hombros y la miro con la boca abierta y la mirada fija en ella, Elsa sacó las tijeras de su cuello haciendo salir una lluvia de rojo sangre que baño a los dos. Sin tiempo para pensar cerró los ojos y apuñalo hasta trece veces la cara de ese enfermo. Cuando comprobó que ya no se movía guardo las tijeras y corrió hasta su casa. Lo había vuelto a conseguir, una semana más se había librado del asesino.

Al día siguiente un titular llenaba los periodicos :
El asaltante nocturno ha vuelto a matar”.
Colaboración de www.kazikes.es
RELATOS DE LAS MISERIAS DE LA VIDA COTIDIANA.
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